jueves, 4 de abril de 2019

Juego de trenzas, un arma de palabras


                                        foto: editorial Ruinas circulares , Buenos Aires, 2018




Juego de trenzas, un arma de palabras

No es casual el planteamiento literario de la escritora cochabambina Rossemarie Caballero Vega en su libro Juego de trenzas. Su narrativa trasciende hechos y atraviesacon pluma candente sus publicaciones; de modo que en cada entrega nos sorprendecon un juego de sentidos insospechados porque para ella la escritura es una solución, un arma y un acto de liberación.

La producción literaria de Rossemarie tiene visión sui géneris. Su  formación artística y profesional le ha permitido desempeñarsecon soltura en varios géneros literarios. Ha trabajado guiones de teatro, ha publicado libros de poesía, cuentos, relatos y novela. Es columnista de opinión y últimamente ha añadido a su rutina la co conducción de un programa argentino de radio sobre literatura. 

Los que hemos leído algo de su narrativa sabemos que el ambiente de su obra va cargado de poderosa energía,capaz de tomar de los pelos al lector y conducirlo por donde le place; aunque el desafío creativosea consigo misma o escriba bajo la presión de su propia censura, como sucede en “Tengo tu cuento” que tiene dimensión metanarrativa en paralelo al tema desarrollado.

Esa primera entrega despierta sensaciones íntimas del lector e invita a cuestionar hasta dónde llegará la autora en su libro de bolsillo. Con una rápida hojeadadescubrimos títulos que se refieren a la actividad o vida femenina, la mujer en su mundo desde el punto de vista de una mujer, con tejidos literarios que muestran intersticiosdolorosos o delincuenciales de espanto. ¿Realidad o ficción? La lectura en detalle revela una escritura comprometida con la causa feminista.

En el universo cultural establecido, la violencia y abuso contra la mujer se entiende como una circunstancia más de la vida y se cree que el microcosmos familiares un reino particular con leyes propias al que ningún extraño debería tener acceso, por eso los vecinos, e incluso las autoridades actúan con ceguera y sordera patéticas. Aquello que no oye ni ve nuestro mundo próximo lo dice sin tapujosJuego de trenzas.

En el libro, una mujer muere por culpa de su pareja, deja a su hija desprotegida, enclaustrada, atendiendo al padre borracho por recomendación del médico. Otra mujer se dedica al cuidado de la casa sin la posibilidad de opinar o levantar la voz porque faltaría al respeto al “señor”, pero en su interior lo “hizo puré”. Una mujer desea un hogar en regla, al cabo de un tiempo se da cuenta del egoísmo de su padre, del parecido del marido con el padre, con sus hermanos; su hijo también se les parece. Con esa visión todos los hombres forman una cadena universal con eslabones similares y concluye que “el hombre perfecto no existe”.¿Ellos pensarán lo mismo de la mujer? Queda la incógnita en el aire.

La rutina del hogar también cansa, deja a la mujer hambrienta de conversación en “Mujer en la cama”, cuando el marido llega cansado y ella se aburre mientras él duerme. Está convencida de que los medios tecnológicos y virtuales la salvan; antes no, las mujeres trabajaban el doble y se llenaban de hijos. En “Esa chica” la temática bordea lo patológico en una relación extraña entre chicas con el añadido del suicidio y el sentimiento de culpa.

Alguien dijo que una mujer es la peor enemiga de la mujer y si la enemiga es la madre su vida será un infierno, el tema lo desarrolla “Retrato de bodas”, aunque la hija supo sustraerse del tormento y la pobreza. Un desenlaceque abre puertas a la salvación de toda mujer que padece una cadena de situaciones insostenibles.

Juego de trenzas dispara flashes de la vida femenina y su entorno, pequeñas instantáneas que invitan a mirar en profundidad esa captura fotográfica evidente de lo que no vemos o no nos detenemos a examinar. Sin ser propuesta ideológica – política, cada relato sacude con prosa ágil y enérgica el punto neurálgico de lo socialmente establecido. 

La pequeña extensión de sus relatos le ha permitido centrarse tanto en la significación pertinente como entre autor y lector. Rossemarie no necesita detenerse en detalles. Su literatura vive entre el sentimiento, la imaginación y la invención íntimamente relacionada con la realidad recreada. Presenta escenas dinámicas trenzando palabras con juegos del lenguaje que son propios de la poesía como en “Mujer que no fuma” cuyo texto se aproxima a un poema y su lectura se agradece. Juego de trenzas dice más de lo que tiene escrito. Es justo reconocer.

                                                                                  Haydee Nilda Vargas G.
                                                                                    Barcelona, España


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